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Según la Organización Mundial de la Salud, la obesidad es uno de los factores que más influye en el riesgo de padecer enfermedades y morir prematuramente). En España se estima que aproximadamente 3 de cada 10 niños y 2 de cada 10 adultos padecen un exceso de peso. No es de
extrañar, por tanto, que la sociedad actual quiera adelgazar. Según la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición(SEEN) y la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), uno de cada cuatro españoles quiere perder peso(4), no obstante, nos mantenemos sedentarios y nos movemos poco en el día a día. España es, en este sentido, uno de los países más sedentarios de la Unión Europea. Así, somos capaces de “torturarnos” no comiendo o comiendo durante días un solo alimento o pasando mucha hambre y no somos capaces de adoptar hábitos saludables a largo plazo que requieren un menor esfuerzo y permiten alcanzar un mayor beneficio para nuestra salud.
Nos creemos más lo que dicen famosos a través de la televisión que profesionales sanitarios del área de la nutrición. Cuanto más raro es el mensaje y más rimbombante la persona que lo transmite más le creemos.
Un estudio destacó que más del 67% de la información nutricional que se podía encontrar dentro de un libro de “dietas de adelgazamiento” considerado como “best seller”, no estaba soportada por estudios científicos.
Tenemos que convencernos que no existe ninguna fórmula mágica ni milagrosa para tener una imagen que en muchos casos es inalcanzable, ya que es un estereotipo del adelgazamiento que ha fijado la sociedad de consumo y cierta industria, sin escrúpulos, apoyada por una publicidad engañosa para obtener un gran beneficio económico, a cambio de aumentar el riesgo de padecer graves repercusiones físicas y psíquicas en nuestra salud y desordenes alimentarios que podrían
desencadenar trastornos alimentarios tan graves como la anorexia y la bulimia. En España, se estima que, tan sólo en “productos milagro” (ineficaces) para adelgazar, se gastan anualmente unos 2.050 millones de euros.
La dieta, o mejor, las pautas alimentarias, deben ser variadas, evitando la monotonía, equilibradas en nutrientes y pactadas con la persona que padece obesidad para conseguir los objetivos propuestos. Pero muchos pacientes quieren resultados rápidos, sin esfuerzo, ilusionados por la gran cantidad de información tendenciosa que a veces aparece en diferentes medios.
Los datos al respecto son claros: muchos españoles consideran que no les hace falta acudir a un profesional de la salud para reducir peso ya que lo pueden hacer ellos mismos con una dieta.
¿Qué son las “dietas milagro?
Las dietas milagro son aquellas que usan estrategias variadas y argumentos pseudo-científicos para convencer de sus bondades. Se caracterizan por ser muy restrictivas en energía y desequilibradas en algunos nutrientes y por el hecho de excluir de la dieta numerosos alimentos necesarios para el organismo. Según la SEEDO, algunas de estas dietas contienen toques exóticos, otras cómicos, pero la mayoría poseen un denominador común, y es que a la larga son peligrosas y no sólo no consiguen cambiar los malos hábitos, sino que acentúan los errores. Estas dietas son carentes de rigor científico, prometen adelgazar sin esfuerzo y se ayudan de una amplísima difusión publicitaria, que esconde grandes intereses económicos para convencer a la población de que esta “nueva, mágica, revolucionaria y famosa dieta” va a mejorar su imagen rápidamente y sin esfuerzo.
La Asociación Americana de Dietética indica que la población debe ser consciente de que si alguna de las “dietas milagro” consigue que se pierda peso a corto plazo, no es por las supuestas “bondades” que se les atribuye, sino por ser bajas en calorías.
De entre las dietas milagro más conocidas están aquellas que son deficitarias en carbohidratos, y a la vez relativamente ricas en grasas totales, grasas saturadas y proteínas de origen animal. Una revisión de 2.609 estudios concluye que las dietas de estas características que adelgazan, lo hacen por ser bajas en calorías y no por ser ricas en proteínas.
Otro tipo de “dietas milagro”, son las de muy bajo contenido calórico (400-800Kcal). La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que dichas dietas no son más efectivas en la disminución de peso a largo plazo que otras estrategias dietéticas más moderadas, y que además existen potenciales efectos adversos asociadas a estas dietas. Otros consensos o estudios de alta calidad científica llegan a la misma conclusión: hay que evitar este tipo de dietas.
Finalmente, existen empresas que se dedican a hacer dietas con el acompañamiento de una serie de unos nada baratos “productos milagrosos” (suplementos dietéticos).
Dos recientes revisiones sistemáticas de la literatura científica revelan que ninguno de los suplementos
dietéticos sometidos a un estudio científico serio, es efectivo para perder peso, y que algunos de ellos,
además, podrían ser perjudiciales para la salud. Un reciente estudio llevado a cabo en negocios españoles especializados en tratamientos de adelgazamiento y estética corporal concluye que el 46% de ellos propone tratamientos con ‘productos estrella’, uno de cada tres plantea pérdidas de peso poco saludables y en más del 30% los clientes no son atendidos ni por médicos ni por expertos en nutrición.
Riesgos para la salud
La FESNAD advierte que las dietas milagro podrían aumentar el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, diabetes, varios tipos de cáncer, fallo renal y hepático, así como osteoporosis. También contribuyen a la adquisición de malos hábitos alimenticios con la consecuente repercusión a largo plazo. Aún así, el 31% de los españoles con sobrepeso ha seguido alguna vez una dieta milagro.
La Asociación Americana del Corazón desaconseja las dietas altas en proteína porque:
- restringen la ingesta de alimentos saludables que aportan nutrientes esenciales (comprometiendo la ingesta de vitaminas y minerales)
- no aportan la variedad de alimentos necesaria para satisfacer las necesidades nutricionales
- pueden causar anomalías cardiacas, renales, óseas y del hígado.
En un estudio en que se siguió la evolución de 22.944 adultos durante 10 años, se concluyó que el consumo prolongado de dietas pobres en carbohidratos y ricas en proteína se asocia a un incremento en la mortalidad total.
Un análisis nutricional de una serie de dietas milagro (Atkins, Carbohydrate Addiet’s diet, Sugar Busters!, Weight Watchers diet, Ornish diet), reveló que, al seguir estas dietas podría existir un déficit de cómo mínimo 2 vitaminas, y en concreto, una de ellas no cubría las recomendaciones de 7 de las 9 vitaminas analizadas.
Asimismo, un estudio realizado en 2004 por la Asciación de Dietistas-Nutricionistas Diplomados de Navarra, en el que se analizaron 86 dietas mágicas destinadas a la pérdida de peso seleccionadas de 20 revistas y suplementos, llegó a conclusiones similares.
Cabe destacar que todas las dietas analizadas eran deficitarias en algunos minerales y vitaminas, de modo que su seguimiento podría suponer carencias de micronutrientes, principalmente de calcio, hierro, zinc, magnesio y vitaminas como la A, D, E, riboflavina, niacina o B12.
Es por esto que, en el hipotético caso de seguir alguna de estas dietas, se recomienda suplementar al paciente diariamente con vitaminas, minerales y ácidos grasos.
Hay que tener en cuenta que siempre van a tener mayor riesgo las personas con problemas de salud porque una dieta desequilibrada puede agravar o modificar el curso de su enfermedad.
En resumen, las “dietas milagro” pueden asociarse a:
- no satisfacer las necesidades nutricionales por no ser dietas equilibradas. En especial, pueden producir un déficit en algunas vitaminas y minerales (19;20;22), y además, no sólo no consiguen cambiar los malos hábitos, sino que acentúan los errores.
- alteraciones cardiacas, renales, óseas o del hígado, así como empeorar algunas alteraciones gastrointestinales (náuseas, vómitos, diarreas, estreñimiento), entre otros efectos adversos.
¿Por qué se recupera peso?
¿Por qué se recupera peso tan fácilmente cuando se abandona una dieta milagro?
Tal y como indica la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, un problema añadido de estas “dietas milagro” es que favorecen una
recuperación muy rápida del peso perdido.
A continuación se detallan tres aspectos que podrían explicar este fenómeno:
1- Una vez se abandona la dieta milagro, nuestro organismo pone en marcha
mecanismos fisiológicos para compensar el periodo de restricción que se ha sufrido. La persona come más, lo que provoca una
recuperación mayor del peso perdido.
2- Durante el periodo que se está realizando la dieta milagro, nuestro organismo reacciona rápidamente y como mecanismo de defensa disminuye el metabolismo para intentar gastar menos y contrarrestar esa deficiencia energética. Por tanto cuando volvemos a la dieta habitual el metabolismo ha disminuido (se gasta menos), se come más y se recupera más peso del que se ha perdido y con mucha más facilidad.
3- El peso perdido en tan corto espacio de tiempo se debe principalmente a la pérdida de agua y glucógeno, manteniéndose los depósitos de grasa corporal, que son los que realmente importan cuando se quiere perder peso y mejorar la imagen corporal.
Pierde peso sin perder salud
Como señala la SEEDO, los programas de pérdida de peso deben reducir la ingesta energética, sobre todo a partir de grasas y grasas saturadas, y deben basarse en una dieta equilibrada, que prevenga la deficiencia de vitaminas y minerales.
El exceso de energía se almacena en forma de grasa corporal con el consiguiente aumento del peso.
Adelgazar no es solamente perder peso es realmente perder este exceso de grasa corporal para recuperar un peso saludable.
La ganancia de peso es consecuencia de una mayor ingesta de alimentos acompañada de una disminución en el gasto de energía por una situación de sedentarismo. Si basamos nuestros esfuerzos solamente en disminuir los alimentos que ingerimos, este esfuerzo va a tener que ser mucho mayor, con las repercusiones sobre la salud que se han descrito anteriormente. Sin embargo, si combinamos una disminución de las calorías de la dieta, controlada por un especialista para que no exista ningún desorden alimentario, con un aumento, por pequeño que sea, del ejercicio físico, y todo ello lo mantenemos en el tiempo, tendremos el éxito asegurado en nuestro objetivo de perder peso.
Recomendaciones
La formación de buenos hábitos alimentarios es un excelente instrumento para prevenir enfermedades y promover la salud en la población.
Podemos alimentarnos mejor incorporando una amplia variedad de alimentos a nuestra dieta diaria y semanal, porque no existen alimentos buenos ni malos, ni un alimento que contenga todos los nutrientes esenciales para nuestro organismo. Para gozar de buena salud necesitamos de todos ellos, pero también en la cantidad adecuada para controlar nuestro peso corporal:
- Diariamente debemos consumir cereales (preferiblemente integrales) y patatas, hortalizas, frutas, leche y derivados lácteos (preferiblemente desnatados) y aceite de oliva.
- Varias veces a la semana legumbres, frutos secos, pescados, huevos y carnes magras.
- Se aconseja moderar el consumo de carnes grasas, pastelería, bollería, azúcares y bebidas refrescantes.
- Es importante mantener una buena hidratación tomando como mínimo 2 litros de agua al día.
- Estas recomendaciones se complementan con el consejo de practicar diariamente ejercicio físico moderado y ajustar la ingesta de alimentos de acuerdo al nivel de actividad habitual, para mantener el peso corporal en niveles deseables.
- Todos estos consejos los podemos llevar a la práctica siguiendo una “DIETA de ESTILO MEDITERRANEO”, la cual posee beneficios científicamente probados que se han relacionado con la mejora del perfil lipídico (aumenta el colesterol bueno y reduce el malo). Además es rica en fibra y antioxidantes.
- Se recomienda realizar como mínimo cuatro o cinco comidas al día: desayuno, media mañana, comida, merienda y cena. Conviene no olvidar el desayuno, porque nos ayudará a lograr un adecuado rendimiento físico e intelectual.
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